Lenguaje inclusivo: la comunidad LGBTQ+ y la igualdad de género.

Junio es considerado el mes del orgullo LGBTQ+, durante todo el mes podemos ver a la comunidad celebrar su derecho a ser libre. Millones de personas alrededor del mundo se reúnen en diferentes eventos para recordar la lucha de quienes han trabajado para ser aceptados y respetados sin importar su orientación sexual.  

Siendo los idiomas una parte esencial de la cultura y el reflejo de la consciencia social, no es de extrañarse que sea también parte de la lucha y que se busque cambiar ciertas convenciones para incluir a quienes no se sienten representados por los términos usados en la actualidad.  

¿Qué es el lenguaje inclusivo? 

 

En los idiomas, existen diferentes maneras de determinar el género de la persona de quien se habla. El pronombre “Ella” para la mujer, “él” para el hombre (“she” y “he” en inglés, respectivamente), terminaciones en “a” para la mujer y “o” para el hombre (esto no sucede en inglés), los artículos “la”, “el”, “las”, “los”, entre otros.  

Como costumbre, en español, se usa el masculino cuando hacemos generalizaciones como “los empleados celebraron el aniversario de la empresa” o “el que lo desee, puede solicitar ayuda”. Sin embargo, gracias al movimiento feminista y la lucha de la comunidad LGBTQ+, se ha comenzado a usar un lenguaje que no haga referencia a ningún género, un lenguaje un poco más neutral que es precisamente lo que se conoce como lenguaje inclusivo. 

¿Cómo nos aseguramos de usar un lenguaje inclusivo? 

 

Existen varias formas de evitar usar palabras que denoten claramente el género de las personas haciendo predominante el masculino. Entre ellas encontramos: 

  1. Usar sustantivos generales que no aludan a ningún género: En vez de decir “los jóvenes son el futuro de la nación”, podemos decir “la juventud es el futuro de la nación”.

  2. Usar “quien”, “quienes” en vez de “el que”, “los que”: en vez de decir “el que cumpla con la asignación”, podemos decir “quien cumpla con la asignación”. 

  3. Usar “alguien” o “cualquiera” en vez de “uno”: diríamos “cuando cualquiera hace una pregunta” y no “cuando uno hace una pregunta” 

Algunas personas han promovido el uso de la “x”, la arroba y, más recientemente, la “e” para denotar esa neutralidad en el género, representando no solo a hombres y mujeres sino también a quienes no se sienten identificados con estos géneros. Se busca evitar el uso de ambas palabras como “los amigos y las amigas”, quedando entonces “lxs amigxs”, “l@s amig@s” o “les amigues”. Sin embargo, la Real Academia Española no ha aprobado su uso. 

En inglés, existen menos casos como los del español ya que la mayoría de sus sustantivos no denotan ningún género. Entonces, al usar la palabra “lawyer”, podríamos estar hablando de un abogado o una abogada. Aquellos sustantivos que sí denotaban género, tales como “firemen” o “policemen”, fueron modificados a “firefighter” y “police officer” para incluir ambos géneros. 

Uno de los cambios más importantes tiene que ver con las generalizaciones en las que suele usarse los pronombres para ambos géneros “he/she”. En pro de la economización del lenguaje y la inclusión, se ha venido usando el pronombre “they”, el cual también ha sido adoptado por aquellas personas que no se identifican con el sistema binario hombre/mujer.  

Hay quienes se oponen 

 

Como en cualquier aspecto de la vida, hay diferentes puntos de vista y algunas personas consideran innecesarios estos cambios, alegando que el uso del género masculino ya incluye a toda la población. Hay quienes sostienen que este lenguaje no respeta las reglas gramaticales o que tardaríamos siglos para adaptarnos y lograr que toda la población lo incorpore en su día a día. 

Si bien los cambios toman su tiempo, el hecho de que se esté comenzando a luchar por adaptaciones del lenguaje que permitan la inclusión de todos sin importar género u orientación sexual puede significar que, en un futuro, aquellas palabras específicas para cada género dejen de ser usadas y terminen desapareciendo. Los idiomas están en constante evolución y, aunque muchos cambios no sean recibidos de buena manera, terminan convirtiéndose en la norma.